En este texto pretenderé abordar la constitución del Frente Popular Darío Santillán de Argentina, como parte de una importantísima serie de cambios en las características del movimiento real en el mundo, y que en Argentina se vio reflejada en el ascenso de las luchas populares entre 1996 y 2002, tras el cual varias fuerzas nacidas en esa etapa se plantearon las tareas de conformar un movimiento social y político unificado, que sería finalmente fundado en 2004 a partir de la confluencia de numerosas organizaciones, en gran parte piqueteras
I
Tras la reestructuración de la relación de clases, la caída del bloque soviético, la derrota popular ante la dictadura y el neoliberalismo, el trabajo ocupado empezó a perder centralidad como forma de lucha (aunque hubieron en la primera mitad de los 90, luchas importantes como docentes y ferroviarios), y empiezan a vislumbrarse entre el 95 y el 2001 otro tipo de luchas, fundamentalmente tomas de tierras y puebladas, como las de Cutral-Co, Mosconi, Tartagal, etc. Esto se daba en medio de una nueva centralidad en la militancia territorial más que en la militancia sindical. Esto reflejaba también la radicalización y aumento de los trabajadores desocupados, aunque también se re-inventaba la lucha de los ocupados a partir de la autogestión y la recuperación de fábricas. Junto con todo esto surge la asamblea popular como forma de reunir una resistencia centrada en un territorio y no en un lugar de trabajo. Los resultados fueron contradictorios, porque la reunión asablearia podia darse en base a una resistencia frente a ser arrojados al margen de la relación de producción de valor, o bien en base a una resistencia como consumidores (o como poseedores formales de mercancías, el ejemplo más claro fueron los ahorristas). El diferente carácter socio-económico de los lugares donde se desarrollaban estas asambleas acentuó tal o cual aspecto de esta contradicción, y esto influiría en las diferentes relaciones entre los piqueteros y las asambleas.
Surge el concepto de autonomía, de una militancia por fuera (es decir: independiente, pero no necesariamente en contra) de las estructuras partidarias o gubernamentales o religiosas. Sin embargo, era un término difuso, donde confluían trabajadores de barriadas, con gente que estaba por interés económico, con ideologías autonomistas, posmodernas, anarquistas, etc. No había realmente un proyecto político en base a la autonomía. Éste empieza a formarse muy paulatinamente a partir de la formación de las corrientes piqueteras.
Las primeras corrientes piqueteras, o Movimiento de Trabajadores Desocupados, eran autónomas. Recién cerca del 2001 empiezan a aparecer los primeros piqueteros ligados a las estructuras partidarias o clientelares, como D'elía (FTV), el PO (Polo Obrero), el MST (Movimiento Teresa Rodriguez) o el PCR (CCC). Como dato adicional, es recién en la crisis de fines de 2001 cuando los piqueteros entran finalmente a Capital.
A partir de este tipo de complejización del movimiento piquetero, se empieza a definir en los MTD más autónomos, la autogestión de trabajo y recursos como forma de desprenderse y prevenirse de la cooptación por el Estado y de los riesgos del clientelismo político: pedir planes y fondos, pero para hacer emprendimientos propios, como alimentarios, textiles, de construcción, etc, y así no pedirle al Estado nunca más. O también, ocupar tierras y las cultivamos y así no tener que comprarle a nadie el alimento nunca más. Este tipo de prácticas no carecían, por supuesto, de contradicciones. El trasfondo de esto, la concepción de crear prácticas de trabajo autogestivas como forma de anticipar el socialismo ahora, desde el pueblo y desde abajo, se empezará a hacer notar mucho más fuerte recién después de 2001.
Con el asesinato de Darío y Maxi en la Masacre de Avellaneda, que marca el fin de una etapa y el nacimiento de otra de reconstrucción de la hegemonía política y perspectivas de recuperación económica, se les presenta a muchos MTD que conformarían en 2004 el FPDS, la necesidad de revalorizar los años transcurridos y entender cómo adaptarse a una situación nueva. Ellos fueron paridos de la crisis, pero la crisis, en algunos aspectos había sido superada. Entonces la crisis era, en gran parte, de estos movimientos: el piquete fue demonizado y muchos MTD fueron cooptados para el clientelismo o se vieron debilitados.
Se producen muchos cambios en este año 2003 y 2004, ante la necesidad de reevaluar las definiciones políticas y adoptar nuevos conceptos. Este es un proceso que en todo el mundo realizan varios movimientos desde fines de los noventa, y que en Argentina daría nacimiento, entre otros, al FPDS. Estas conclusiones tuvieron su origen en los años pasados, pero no fueron, en general, desarrolladas ni sistematizadas teóricamente, y en 2003-2004 varias organizaciones empiezan a hacerlo.
II
-Surge la pregunta de con quiénes articulamos y con quiénes coordinamos, que son cosas diferentes. Es decir, tratar de ubicarse como un tipo diferente de izquierda, y ahí articular: tratarnos como organizaciones hermanas y compartir prácticas comunes, crecer juntos. Luego, coordinar con el resto del campo popular, es decir, con el grueso de la izquierda, con todos los compañeros, tratando de encontrar acuerdos y concordancias más allá de las diferencias y las críticas que se les pueda hacer a cada organización. La necesidad, entonces, de analizar seriamente, con vistas a una unidad en una complejísima diversidad, qué y cómo es el mapa del campo popular.
-La revolución como cambio social y prefiguración: anticipar el socialismo ahora. Es decir, la militancia debe consistir en pre-figurar, en la práctica, las relaciones sociales de la sociedad que queremos, inculcar nuevos valores, nuevas relaciones de producción, nuevas cosmovisiones, etc. El socialismo debe ser construido en el proceso de la revolución: es más, alrededor de eso gira la revolución. La toma del poder, sea lo que sea, debe girar en torno a cómo se puede cambiar la sociedad, es más: va a tener que darse a partir del éxito en la prefiguración de una nueva sociedad y de la construcción de un poder de base, y no al revés: no debe ser la toma del poder la que determina la militancia y la prefiguración, como sostiene a fin de cuentas la izquierda tradicional.
-El poder popular: a partir de lo dicho, la idea de que el poder del Estado es algo construído socialmente, una relación social, y no un "objeto" a "robar" a la clase dominante para luego conducir en favor de otros, como plantea la izquierda tradicional más verticalista, o un "objeto" a “tomar” para destruir, como plantean otros grupos de la izquierda tradicional. O también, un "objeto" a destruir simplemente, como plantea el anarquismo, que sostiene además, junto con el resto, que todo poder es estatal. Como agregado, este tipo de concepciones ignoran que las relaciones verticales de poder atraviesan toda la sociedad y están arraigadas en ella. Entonces, surge en estos grupos de la izquierda autónoma, la idea de crear poder desde abajo, poder del pueblo y para el pueblo: el poder no es entonces algo que se arrebata y se usa supuestamente a favor de todos, como plantea la izquierda tradicional: el poder se construye, y no es uno sólo, sino que nosotros "podemos" construir otro poder, radicalmente diferente: poder popular, en la prefiguración y en la misma lucha contra el Estado, más allá de qué hagamos finalmente con el aparato estatal.
-La democracia de base o democracia asamblearia: En varios MTD se dio el debate sobre el horizontalismo, qué es lo que significaba, si efectivamente -más allá de que nos guste la idea- es una cosa real que puedan existir relaciones horizontales de decisión y ese tipo de cosas. Lo que se vio es que el horizontalismo en realidad no existe como tal: es en la mayoría de los casos la predominancia de los más activos, quienes son a fin de cuentas los que toman las decisiones e intervienen más. Suele darse como una conducción informal de los más capaces, militantes, o activos, en fin: los más formados, quienes además, asumiendo las responsabilidades centrales, muchas veces impiden que otros aprendan cómo realizarlas en la única forma en que pueden hacerlo: asumiéndolas y reflexionando sobre sus pasos. En una sociedad plenamente libre, quizás suceda que todos seamos formados en igualdad de condiciones, y donde el horizontalismo se dé realmente. Pero no es algo practicable en la lucha actual. Por eso, es que en muchos grupos se decidió hablar, no de horizontalismo, sino de democracia de base o asamblearia, donde los militantes, sin distinción alguna de formación, sin jerarquías, en asamblea, discuten conjuntamente las decisiones que debe tomar el MTD o la organización social, gremial, política, etc, y que de todos se llegue a un consenso, para darle mandatos a delegaciones que se junten en las mesas de coordinación, regionales, nacionales, territoriales, estudiantiles, sindicales, etc. Claro que ante situaciones urgentes, el método más óptimo de la democracia de base no sirve, y compañeros presentes deben discutir y tratar de dar una respuesta seria y prudente, teniendo en cuenta qué es lo que querría la mayoría. Muchas veces es la mayoría la que confía en ellos la responsabilidad para la resolución de tareas urgentes.
-La síntesis: algo casi completamente nuevo en los militantes de estas nuevas organizaciones de izquierda (para poner ejemplos: el Movimiento Sin Tierra de Brasil, el EZLN mexicano, el FPDS aquí, el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora en Venezuela, etc), es la idea de síntesis: Tener, por un lado, referencias en otras organizaciones hermanas preexistentes (como las mencionadas) y en procesos revolucionarios de la historia, y por otro lado, evaluar y reinterpretar, para la militancia, aquellos aportes constructivos de las variadas corrientes ideológicas de izquierda que existieron: marxismo, anarquismo, leninismo, guevarismo, gramscismo, luxemburguismo, consejismo, autonomismo, ecologismo, pedagogía crítica, peronismo de base, teología de la liberación, indigenismo, feminismo, antiracismo, etc etc etc. Con todo esto, analizar la situación concreta y llevar adelante una síntesis de estos aportes y referencias: es decir, no copiar procesos, no hacer modelos, aunque sea tan atractivo, como por ejemplo de lo que hacen los zapatistas, o Oaxaca, o algunas cosas de la Revolución Cubana o Rusa, sino entender que fueron o son formas que se crearon para atender a una situación concreta bien particular, y que no sólo no deben ser tomadas como cosas infalibles, no sólo no deben ser interpretadas sino críticamente en el balance histórico, sino también que lo que tuvo de interesante y constructivo: la referencia, debe ser entendida y tenida en cuenta de formas diferentes, según la situación concreta en la que militemos. Lo mismo respecto a los aportes de cada corriente teórica: la idea no es definirnos de algo, aunque sea obvio que somos anticapitalistas, socialistas, etc, sino alejarse de los dogmas y manuales y entender qué tiene de interesante cada aporte y cómo puede servirnos para elaborar una teoría propia, trasformadora y correspondiente a la situación en la que intervengamos. Una teoría de la práctica concreta, y no la práctica de una teoría abstracta. José Mariátegui resume en parte esto: "la revolución en América Latina no puede ser, ni calco, ni copia, sino creación heróica". Pues bien, la síntesis quiere ser esa creación heróica.
-Anticorporativismo y multisectorialidad: Previamente al FPDS existía la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón (la “vieja Verón”), que servía para aglutinar a los diversos MTDs autónomos y llevar acciones conjuntas. La idea del FPDS fue conformar, ya no una coordinación de MTDs, sino un movimiento social y político unificado a la vez que federativo, con potencial proyección a nivel nacional. Pero además, tratando de romper con la fragmentación social de 2001, que este movimiento no sea sólo de los desocupados ni de la militancia territorial, sino que sea un movimiento multisectorial, con todos los sectores oprimidos: estudiantiles, asalariados, culturales, de género, rurales, etc., parte de consolidar una concepción con la que ya se venía trabajando: la idea de pluralidad del sujeto revolucionario, de entender que, más allá de la centralidad y vigencia del “mundo del trabajo”, las relaciones producción no son las únicas que lo conforman, sino que también lo son las relaciones de exclusión, hegemonía, opresión y dominación que corresponden a las formas de explotación capitalistas.
III
Así nace el FPDS a fines de 2004, y en el proceso, ante la idea de un movimiento político y unificado, los grupos más ligados a concepciones de horizontalismo "radical", como el MTD de Solano, se van, mientras también se van por el otro extremo, grupos más tradicionales, ligados a concepciones verticalistas, como el MTD de Varela (hoy oficialista).
Se crean desde su inicio áreas y espacios donde participan, en general, integrantes de diversas regionales y sectores de ocupación. Actualmente funcionan las siguientes áreas: relaciones políticas nacionales e internacionales, formación de militantes y de activistas de base, Prensa, Gestión, Finanzas y Organización. Y los siguientes espacios: Mujeres, Jóvenes, Cultura, Educación, Jurídico, y el Centro de Estudios para el Cambio Social (CECSo).
En general la dinámica organizativa varía según el grado de complejidad y desarrollo de cada región o sector de ocupación, pero tomando el ejemplo de la regional del sur del conurbano o el ejemplo del sector estudiantil, consisten en grupos de base de los que hay compañeros que asumen las responsabilidades rotativas y mandatadas de acudir periódicamente a las mesas regionales, sectoriales, nacionales y multisectoriales. Cada año, además, se organizan plenarios nacionales (uno general y otro sectorial) donde se reúne toda la base posible y discute conjuntamente los balances generales y los objetivos para futuro. Desde las mesas regionales y sectoriales se organizan pre-plenarios donde se elaboran mandatos y se designan responsables rotativos para concurrir a estos plenarios nacionales. Sin embargo, todas estas instancias son abiertas a la participación de todos los integrantes del FPDS.
Además, el FPDS sostiene la autonomía de sus organizaciones en lo que respecta a sus asuntos internos y tácticos, lo que permite que los debates y problemas de los espacios concretos de militancia sean saldados desde sus respectivas bases, y no desde ámbitos superestructurales.
Actualmente el FPDS está conformado por aproximadamente más de tres mil integrantes y cuenta con organizaciones distribuídas a lo largo del país, pero no de forma homogénea, sino con muy distinto grado de desarrollo. Se cuentan actualmente 12 regionales, la mitad multisectoriales, en Tucumán, Formosa, Mendoza, Córdoba, Neuquén, Río Negro, Santa Fé, Provincia de Buenos Aires (Tandil, Mar del plata, Bahía Blanca, La Plata-Berisso, Luján, La Matanza, Quilmes, Varela, E. Echeverría, San Vicente, Guernica, Ezeiza, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Lanús) y Capital Federal.
Con las diversas articulaciones y coordinaciones nacionales (entre las que se cuentan el Movimiento Nacional Campesino Indígena-MNCI-, la Corriente Julio Antonio Mella-La Mella-, la Corriente Clasista de la CTA, Pañuelos en Rebeldía, FOL, FOB, FOPP, etc), el FPDS impulsa varios espacios de articulación de la izquierda autónoma, y trata de intervenir en otros más amplios. Por ejemplo, el espacio Otro Camino Para Salir de la Crisis, que se formó a partir del "conflicto gobierno-campo", y que ha servido exitosamente para coordinar conjuntamente intervenciones concretas y definiciones generales alrededor de la "tercera posición" (contra los ruralistas y contra el gobierno), superando la mera declamación de muchos grupos de la vieja izquierda, y que aglutina a grupos muy diversos pero con el objetivo de actuar en la escena nacional con propuestas y reivindicaciones unificadas y concretas. Con este espacio se impulsó el año pasado la Campaña Nacional Contra el Hambre y la Inflación, a través de la cual se han impulsado actividades muy diversas, desde ferias de alimentos al costo, hasta marchas y actividades exigiendo la derogación del Impuesto al Valor Agregado a los alimentos y medicamentos. En los últimos años se creó el área de bienes naturales, con el cual el FPDS participa de la Unión de Asambleas Ciudadanas, donde coordinan las diversas asambleas ambientalistas del país.
El FPDS es independiente de cualquier organización internacional, y se relaciona con sus pares, no con gobiernos. Integra junto con el MNCI y otros grupos de Argentina el Espacio Promotor del ALBA de los Movimientos Sociales, donde coordina con organizaciones políticas y sociales de Latinoamérica, como por ejemplo el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil y el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora de Venezuela
